La piel es el reflejo de la buena salud de nuestro cuerpo. Como un ser vivo, respira, bebe e intercambia información con el resto de nuestro organismo.
La piel de un adulto está constituida por un 70% de agua, repartida de forma homogénea en las diferentes capas que la componen. Este agua representa el 20% de toda el agua que contiene el cuerpo.
Pero la vida cotidiana altera sin cesar las células de la piel: la respiración celular, responsable del mecanismo natural de hidratación de la piel, se debilita. La piel, deshidratada, se vuelve apagada, sin luminosidad y resulta más sensible a las marcas del paso del tiempo.
Los Laboratorios Galénic han asociado el Extracto Patentado de Bayas Silvestres al nuevo Sistema Hidra-Reserva, concentrado natural osmorregulador, con propiedades altamente hidratantes (1) y purificantes, para retener el doble de agua en la piel.** De este modo, las reservas de agua en la piel se reconstituyen plenamente durante un largo período de tiempo para una hidratación (1) natural y un confort de larga duración.
(**) Text ex vivo
(1) Hidratación de las capas superiores de la piel
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Piel hidratada (1): 97%*
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Piel resplandeciente: 93%*
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Piel flexible: 100%*
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Evolución del índice de hidratación en función del tiempo respecto al valor de base
Evolución del índice de hidratación de la piel y remanencia
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T 8H:
Se registró una evolución muy significativa (+45,7%) del índice de hidratación
tras 8 horas después de la aplicación (2)
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T 24H:
El efecto hidratante es persistente de forma muy significativa hasta 24 horasdespués de la aplicación del Sorbete de Crema Hidratante (2)
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(*) % de satisfacción - test de uso sobre 30 mujeres durante 21 días del Sorbete de Crema Hidratante AQUAPULPE
(1) Hidratación de las capas superiores de la piel
(2) Medidas biometrológicas sobre 16 mujeres habiéndose aplicado el Sorbete de Crema Hidratante (% de evolución del índice de hidratación después de 8h y 24h tras la aplicación) |
Las cualidades gustativas y medicinales de las bayas rojas son famosas desde la antigüedad. Los precursores de la medicina como Hipócrates reconocieron rápidamente el interés de consumir estos pequeños frutos para gozar de buena salud. Estaba aconsejado comerlos regularmente, aunque fuera en pequeña cantidad, ¡y no solamente porque el gusto fuera delicioso! Empíricamente, los terapeutas de la época habían comprendido que estas bayas aportaban algo indispensable que no se identificó a principios del siglo XX: las vitaminas y los oligoelementos.